Aunque eres prohibida, yo te amo; y aunque el destino me niegue tu presencia, vive tu imagen en mi pensamiento como vive la luz en la conciencia.
No sΓ© si fue tu mirada o tu sonrisa, o aquella dulce calma de tu voz; solo sΓ© que, desde que te vi, algo en mi alma para siempre cambiΓ³.
Eres la flor que no puedo cortar, pero cuyo perfume me acompaΓ±a; la estrella que jamΓ‘s podrΓ© alcanzar, pero que ilumina mis noches lejanas.
Cuando tus ojos se encuentran con los mΓos, el tiempo se detiene en su camino; y mi corazΓ³n, que intenta ser prudente, olvida la razΓ³n y desafΓa al destino.
¡Ay de mΓ, que te contemplo en silencio, guardando este amor como un tesoro! Porque hasta el mΓ‘s pequeΓ±o de tus gestos vale mΓ‘s para mi alma que el oro.
No deseo arrancarte de tu cielo, ni alterar el curso de tu vida; me basta con amarte en la distancia, con esta devociΓ³n callada y escondida.
Porque existen amores que no mueren, aunque jamΓ‘s conozcan la esperanza; amores que se vuelven eternos en la nobleza de su propia aΓ±oranza.
Y asΓ serΓ‘ mientras me quede aliento: tu nombre habitarΓ‘ mis pensamientos, como habita la luna entre las sombras y el recuerdo entre los sentimientos.
Aunque eres prohibida, no lo niego, ni renuncio al milagro de quererte; pues hay amores que no buscan poseer, sino agradecer al cielo por haberte conocido.
Y cuando el tiempo borre tantas cosas, cuando los aΓ±os se pierdan en el olvido, tu recuerdo seguirΓ‘ siendo en mi alma el verso mΓ‘s hermoso que he vivido.
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